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Recorrer
los escasos 13 kilómetros
de la N-430 que separan Chinchilla
de Albacete es viajar al pasado
y conocer uno de los pueblos
con más encanto de España.
La Ciudad de Montearagón,
de las más antiguas de la
provincia, es arrebatadora
y sorprendente: una joya medieval
prácticamente intacta.
Hoy Chinchilla, ejemplo paradójico
de una población manchega
que domina el llano desde
la altura de un cerro, se
conserva tal y como tendría
que haber sucedido en Albacete
de haber protegido ésta su
patrimonio arquitectónico
frente al desarrollismo que
paga el progreso.
Chinchilla es castillo y muralla,
palacios, baños árabes, templos
y conventos que dan sustancia
y forma a un casco urbano
orgulloso de su linaje, de
sus calles empedradas y empinadas
y, en fin, de una bella nobleza
que transporta al visitante
el espíritu sólido y belicoso
de la Edad Media.
Deténgase a tomar un refrigerio
en la plaza mayor, donde se
proclamaron reyes, o curiosee
por la tiendas adyacentes
en busca de cerámica y artesanía.
Ascienda, buscando al atardecer
el contraste de la oscuridad
en la ladera con las blancas
cuevas-vivienda que erizan
un singular barrio, el del
Hondón, de antiguo hogar de
gentes pobres, y hoy, de artistas
y artesanos. En muchas de
estas cuevas hay talleres
que producen la mejor artesanía
de Chinchilla, la alfarería. Aquí
se pueden comprar cuerveras,
para hacer la cuerva, morteros
para las atascaburras o jarrones
de ordeño, o pararse a admirar
el campo manchego desde uno
de sus miradores privilegiados:
"Desde el Alto Chinchilla
se ve La Roda, se ve
La Roda, Albacete y Almansa
la Mancha toda".
http://www.chinchillademontearagon.com
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