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En este montaje
realizado por
Libélula
Producciones,
y dirigida por
Gustavo Tambascio,
se ha trasladado
los años
50, en plena
España
franquista.
De ahí
el subtítulo
de la obra 'Sexualidad
y represión
en el Madrid
de Dominguín
y Chicote'.
Con
'La discreta
enamorada',
que la mente
inquieta de
Tambascio sitúa
en el Madrid
de los años
cincuenta, surge
'renovada' una
de las obras
de protagonismo
femenino de
mayor relevancia
del teatro español.
Lope impone
su magisterio
a todo guionista
de comedias
cinematográficas
que se precie.
El juego, la
acción
pródiga
en enredos y
sutiles lúdicas
complicaciones,
la aparición
de personajes
humanamente
entrañables,
el mundo de
las apariencias
equívocas,
el amor confesado
desde el primer
momento... «y
la dama enamorada
que defiende
con sutilezas
y argucias el
derecho a las
relaciones afectivas
que las presiones
del entono pretenden
negarle».
Doña
Francisquita,
el antecedente:
A
principios de
los años
treinta del
siglo pasado
el compositor
Amadeo Vives
usó el
argumento de
Lope para componer,
con gran éxito,
su zarzuela
'Doña
Francisquita'.
La historia
está
aderezada con
los elementos
propios del
Madrid del siglo
XIX: «los
cafés-cantantes,
la bulla, los
estudiantes
y sobre todo
el carácter
chulapo y desenfadado
de las gentes
de la villa».
Ahora,
de la mano de
Tambascio, 'La
discreta enamorada'
encuentra su
paisaje en los
50 franquistas
o en la 'sexualidad
y represión
en el Madrid
de Dominguín
y Chicote'.
Así,
la «lozanía
intemporal,
la frescura
perenne de Lope
de Vega, además
de ser proverbiales
han pasado varias
pruebas de fuego».
Mucho
antes de la
proliferación
de ver versiones
teatrales «actualizadas»
o de la moda
de la relectura
crítica,
un género
tan auténticamente
popular como
la zarzuela
demostró
la vigencia
de los personajes
y de sus tramas,
«trasmutando
no pocas de
sus obras en
títulos
del género
musical hispano
por excelencia».
Gustavo
Tambascio se
pregunta «¿qué
hay en 'La discreta...',
que perviva
-además
de la gran música
de Vives- de
manera tan inefable,
hasta nuestros
días?
Y
se contesta:
«una comedia
erótica,
un desenfrenado
enredo en el
que el deseo
sexual se cuela
por todos los
intersticios,
estrellándose
-bien que débilmente-
con convenciones
sociales y arrestos
militares, que
no resisten
el menor embate,
tan potente
es la pulsión
física
que se mueve
detrás
de ellos».
A
su juicio, una
«comedia
urbana casi
protoalmodovariana,
'La discreta
enamorada',
«madrileña
y madrileñísima
-se canta con
orgullo a Madrid
en la obra-
que tiene todo
lo que hizo
de la Villa
y Corte aquel
lugar único
de tusonas,
lindos y pícaros,
y siguió
trasmutándose
en los siglos
a través
de los majos
y majas, o los
chulos del chotis
y las sicalípticas
del género
ínfimo».
Gustavo
Tambascio, director
y autor especializado,
tanto en teatro
como en ópera,
zarzuela y teatro
musical, con
más de
ochenta espectáculos
en su haber,
ha recogido
éxitos
en los principales
teatros y citas
culturales del
país.
'La discreta
enamorada',
una de las más
divertidas y
populosas comedias
del inagotable
Lope de Vega,
traslada la
obra del clásico
a un paisaje
cercano de la
historia.
Desde
el respeto a
Lope:
En
ese Madrid «en
que las jóvenes
de clase media
sueñan
con modelos
de Pertegaz
y los niños
bien recorren
los bares de
los hoteles
en busca de
un encuentro
fortuito con
la Gardner,
donde todavía
el torero es
rey y señor
y Dominguín
fornica escandalosamente
al tiempo que
se casa por
la Iglesia para
poder cazar
en El Pardo
con el dictador,
hemos decidido
situar nuestra
'Discreta',
respetando,
eso sí,
el ágil
y divertido
verso de Lope».
En
opinión
de Tambascio,
ahí están
las características
esenciales de
la obra: «un
militar sofocado
por el deseo
hacia una casi
adolescente,
utilizando su
grado paterno
y represivo
para birlarle
los amores a
su hijo, una
viuda que quería
soltarse la
melena y la
faja y a duras
penas lo disimula,
una hija que
desea cambiar
la mantilla
de misa por
un escote palabra
de honor y un
jovenzuelo que
bebe los vientos
por una 'starlet'
que canta cuplés
y desea ser
Sarita Montiel.
Un criado que
no ha salido
del armario
pero adora la
ropa femenina,
y los sempiternos
chulos de Madrid,
incólumes
desde los años
de las casas
con una rama
a la puerta
y las mosqueterías
del corral»...
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