Gustavo Tambascio traslada 'La discreta enamorada' al Madrid de los cincuenta. Lleva irónicamente la obra de Lope de Vega a plena dictadura franquista.

La traslación de un clásico:
         Gustavo Tambascio, una de las personalidades más prolíficas y activas del panorama teatral español, dirige 'La discreta enamorada', una obra de Lope de Vega en la que la protagonista, una joven llamada Fenisa, «finge que consiente casarse con un anciano para que el hijo de éste se enamore de ella».

        Entre 1606 y 1608, Lope de Vega crea 'La discreta enamorada'. A lo largo de la acción hay enredos, complicaciones, personajes muy humanos y apariencias equívocas.

         En este montaje realizado por Libélula Producciones, y dirigida por Gustavo Tambascio, se ha trasladado los años 50, en plena España franquista. De ahí el subtítulo de la obra 'Sexualidad y represión en el Madrid de Dominguín y Chicote'.

         Con 'La discreta enamorada', que la mente inquieta de Tambascio sitúa en el Madrid de los años cincuenta, surge 'renovada' una de las obras de protagonismo femenino de mayor relevancia del teatro español. Lope impone su magisterio a todo guionista de comedias cinematográficas que se precie. El juego, la acción pródiga en enredos y sutiles lúdicas complicaciones, la aparición de personajes humanamente entrañables, el mundo de las apariencias equívocas, el amor confesado desde el primer momento... «y la dama enamorada que defiende con sutilezas y argucias el derecho a las relaciones afectivas que las presiones del entono pretenden negarle».

Doña Francisquita, el antecedente:
         A principios de los años treinta del siglo pasado el compositor Amadeo Vives usó el argumento de Lope para componer, con gran éxito, su zarzuela 'Doña Francisquita'. La historia está aderezada con los elementos propios del Madrid del siglo XIX: «los cafés-cantantes, la bulla, los estudiantes y sobre todo el carácter chulapo y desenfadado de las gentes de la villa».

         Ahora, de la mano de Tambascio, 'La discreta enamorada' encuentra su paisaje en los 50 franquistas o en la 'sexualidad y represión en el Madrid de Dominguín y Chicote'. Así, la «lozanía intemporal, la frescura perenne de Lope de Vega, además de ser proverbiales han pasado varias pruebas de fuego».

         Mucho antes de la proliferación de ver versiones teatrales «actualizadas» o de la moda de la relectura crítica, un género tan auténticamente popular como la zarzuela demostró la vigencia de los personajes y de sus tramas, «trasmutando no pocas de sus obras en títulos del género musical hispano por excelencia».

         Gustavo Tambascio se pregunta «¿qué hay en 'La discreta...', que perviva -además de la gran música de Vives- de manera tan inefable, hasta nuestros días?

         Y se contesta: «una comedia erótica, un desenfrenado enredo en el que el deseo sexual se cuela por todos los intersticios, estrellándose -bien que débilmente- con convenciones sociales y arrestos militares, que no resisten el menor embate, tan potente es la pulsión física que se mueve detrás de ellos».

         A su juicio, una «comedia urbana casi protoalmodovariana, 'La discreta enamorada', «madrileña y madrileñísima -se canta con orgullo a Madrid en la obra- que tiene todo lo que hizo de la Villa y Corte aquel lugar único de tusonas, lindos y pícaros, y siguió trasmutándose en los siglos a través de los majos y majas, o los chulos del chotis y las sicalípticas del género ínfimo».

         Gustavo Tambascio, director y autor especializado, tanto en teatro como en ópera, zarzuela y teatro musical, con más de ochenta espectáculos en su haber, ha recogido éxitos en los principales teatros y citas culturales del país. 'La discreta enamorada', una de las más divertidas y populosas comedias del inagotable Lope de Vega, traslada la obra del clásico a un paisaje cercano de la historia.

Desde el respeto a Lope:
         En ese Madrid «en que las jóvenes de clase media sueñan con modelos de Pertegaz y los niños bien recorren los bares de los hoteles en busca de un encuentro fortuito con la Gardner, donde todavía el torero es rey y señor y Dominguín fornica escandalosamente al tiempo que se casa por la Iglesia para poder cazar en El Pardo con el dictador, hemos decidido situar nuestra 'Discreta', respetando, eso sí, el ágil y divertido verso de Lope».

         En opinión de Tambascio, ahí están las características esenciales de la obra: «un militar sofocado por el deseo hacia una casi adolescente, utilizando su grado paterno y represivo para birlarle los amores a su hijo, una viuda que quería soltarse la melena y la faja y a duras penas lo disimula, una hija que desea cambiar la mantilla de misa por un escote palabra de honor y un jovenzuelo que bebe los vientos por una 'starlet' que canta cuplés y desea ser Sarita Montiel. Un criado que no ha salido del armario pero adora la ropa femenina, y los sempiternos chulos de Madrid, incólumes desde los años de las casas con una rama a la puerta y las mosqueterías del corral»...

 



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