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Saga Producciones, S.
L. inicia su primera
producción en septiembre
de 1998 con El enfermo
imaginario de Moliere
en versión de Luis Olmos,
consiguiendo tener en
su reparto al veterano
actor de la escena española
Miguel Palenzuela en
el papel de Argán. Al
margen de su estreno
en el Teatro Olympia
de Valencia y posteriores
actuaciones por esta
Comunidad, con esta
primera obra consiguen
su objetivo: representarla
por otras provincias
españolas, Sevilla Teatro
Imperial, Málaga Teatro
Alameda, Jaén Teatro
Darymelia, Cazorla Teatro
La Merced...
Saga
pretende llevar al público
un teatro de siempre,
de autores de siempre
y así recordar unos
textos teatrales que
hoy en día es difícil
de ver o recordar. Su
segunda producción toca
un teatro más contemporáneo;
esta vez con una de
las comedias más divertidas
de Santiago Moncada:
Violines y Trompetas.
Hoy, a dos años de su
inicio, Miguel Monrabal
y José Saiz emprenden
su nuevo montaje La
zorra y las uvas, del
dramaturgo Guillermo
Figueiredo, contando
para su puesta en escena
con los valencianos
José Brecó como figurinista
y escenógrafo, Ferran
Ferrer en la composición
musical y a cargo de
la dirección escénica
Vicente Genovés. |
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El enfermo imaginario
es la última y una le
las más geniales creaciones
de Jean Baptiste Poquelin,
Molière. En ella brilla.
Quizás como en ninguna
otra. la vis cómica
del gran autor francés.
La burla contra la ignorancia
de los médicos tiene
aquí un tono demoledor,
en la mejor tradición
de la sátira; pero,
al mismo tiempo, el
retrato del maníaco
aprensivo, empeñado
en estar enfermo a pesar
de su vigorosa salud,
va más allá de la caricatura
para alcanzar el disparate,
el absurdo, no exento
de compresión e incluso
ternura, que enlaza
con las formas más modernas
del humor.
El enfermo imaginario
es un desafío. Se falsea
el sentido de la obra
repitiendo que se trata
de un simple divertimento
destinado, en un principio,
a entretener los ocios
de Luis XIV.
Cuando Molière concibió
el proyecto de esta
comedia, no tenía ya
la menor duda sobre
su suerte. El rey acababa
de conceder a Lully
el monopolio de los
espectáculos musicales
y era evidente su gusto
cada vez más declarado
por la incipiente ópera,
en detrimento de los
peculiares montajes
ideados por Molière
en los que alternaba
la comedia con los intermedios
cantados. El propio
dramaturgo conocía perfectamente
la evolución de los
gustos del monarca y
sabía que tal proceso
era irreversible. Luis
XIV se inclinaba hacia
la que muy pronto sería
la ópera y a tal efecto
había encargado a Quinault
una obra, cuya música
compondría Lully, destinada
a ser representada en
los próximos carnavales
de 1673.
La versión que se pone
en escena es de Luis
Olmos y mantiene al
clásico en estado puro,
recreándose en el barroco
de la época de Luis
XIV.
El vestuario, la caracterización
y los números musicales
que incluye juegan un
papel importante transportando
al espectador a la Francia
del Rey Sol.
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